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Inicio*Aprendizaje*Actualidad*La movilización de recursos como un fenómeno sistémico 
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La movilización de recursos como un fenómeno sistémico 

| Ricardo Bustos |

No es la incertidumbre, es la falta de articulación: La movilización de recursos como un fenómeno sistémico 

Después de los recientes cambios en el financiamiento internacional y el creciente énfasis en criterios ESG, la movilización de recursos entró en tensión. Muchas organizaciones han tenido que adaptarse, redefinirse o desaparecer. El desafío no es nuevo, pero hoy es más visible.
Durante años, hemos explicado este problema desde la escasez. Sin embargo, vale la pena cuestionar si realmente faltan recursos o si estamos fallando en la forma de movilizarlos. En un contexto de incertidumbre global, seguimos operando con una lógica individual, fragmentada y competitiva.
Este artículo propone un cambio de enfoque: entender la movilización de recursos como una capacidad sistémica, donde la articulación entre actores deja de ser opcional y se convierte en la condición para acceder a financiamiento y sostener el impacto.

La mayoría de las organizaciones no falla en movilizar recursos por falta de oportunidades o financiamiento disponible. Falla porque está intentando hacerlo sola. En América Latina existen múltiples fuentes de financiamiento, cooperación internacional, inversión social y programas de apoyo. Aun así, el acceso sigue siendo limitado, incierto y competitivo.

Aquí aparece la confusión central: tendemos a explicar este problema desde la incertidumbre del entorno, cuando en realidad el principal obstáculo es la forma en que estamos respondiendo a esa incertidumbre. Este no es un problema de estrategia organizacional. Es un problema de cómo están configurados los ecosistemas donde esas organizaciones operan. El problema no es únicamente el contexto, sino la lógica de búsqueda: aislada, desarticulada y, en muchos casos, compitiendo por las mismas oportunidades.

Si el problema no se reduce a la incertidumbre del contexto, entonces conviene observar qué ocurre cuando esa incertidumbre se gestiona desde la fragmentación. Allí aparece uno de los patrones más frecuentes del sector: organizaciones que persiguen recursos de manera paralela, sin coordinación suficiente y con escasa construcción colectiva de valor. 

Mientras tanto, los financiadores buscan iniciativas más integrales y colaborativas, algo que —como plantea el enfoque de impacto colectivo (https://ssir.org/articles/entry/collective_impact)— difícilmente emerge en entornos fragmentados. 

Esta fragmentación también revela otro malentendido de fondo: asumir que movilizar recursos equivale únicamente a obtener financiamiento. En realidad, el dinero es solo una parte de una ecuación más amplia, en la que intervienen relaciones, capacidades, legitimidad y acceso a información estratégica. 

Movilizar recursos no es solo conseguir dinero, movilizar recursos implica activar y coordinar distintos tipos de capital: 

  • Recursos financieros  
  • Capital social  
  • Capacidades técnicas  
  • Legitimidad institucional

Entender esta amplitud conceptual obliga a revisar una práctica instalada: tratar la movilización como una responsabilidad interna de cada organización. Ese enfoque, aunque útil para ordenar procesos, resulta limitado cuando el acceso a oportunidades depende también de la calidad de las conexiones con otros actores. 

Por eso, Muchas organizaciones operan la movilización como función interna: propuestas, convocatorias, gestión de donantes. Es necesario, pero insuficiente. El problema no está dentro de las organizaciones. Está en la forma en que interactúan entre ellas. Cuando se entiende como capacidad organizacional aislada, se ignora el ecosistema. En entornos desarticulados, la información no fluye, las oportunidades no se comparten y las alianzas escasean.

El rol de los ecosistemas en la movilización de recursos 

Permiten: 

  • Compartir información  
  • Generar confianza  
  • Facilitar conexiones estratégicas  
  • Construir propuestas de mayor escala  
  • Reducir duplicaciones  

Estas dinámicas responden a efectos de red (http://networksciencebook.com): el valor crece con la calidad de las conexiones. 

Sin embargo, la articulación no ocurre de manera espontánea. Para que un ecosistema conecte actores y habilite recursos de forma sostenida, necesita algún tipo de estructura compartida. Allí es donde la gobernanza deja de ser un concepto abstracto y se vuelve una condición práctica para la movilización. 

La capacidad de un ecosistema para movilizar recursos depende de su gobernanza: 

  • Reglas claras  
  • Mecanismos de coordinación  
  • Lenguaje compartido  
  • Roles definidos  
  • Procesos de toma de decisión  

Sin gobernanza, los ecosistemas se fragmentan. 
Con gobernanza, se convierten en plataformas de oportunidad, como se observa en marcos de cambio sistémico (https://www.ashoka.org).

¿Qué hacen diferente los territorios que sí movilizan recursos? patrones comunes: 

  1. Articulación entre actores 
    Gobierno, sector privado, academia y sociedad civil operan de manera coordinada, no aislada.  
  1. Intermediación activa 
    Existen actores que conectan oportunidades con organizaciones y facilitan la colaboración.  
  1. Narrativa compartida 
    El territorio comunica una visión clara que permite atraer inversión y cooperación.  
  1. Estrategia de largo plazo 
    La movilización de recursos no depende de convocatorias aisladas, sino de procesos sostenidos.  

Cuando estas condiciones de gobernanza se consolidan, empiezan a aparecer resultados observables en los territorios. No se trata de contextos perfectos ni de abundancia permanente, sino de entornos que han aprendido a coordinar actores, construir confianza y sostener una visión compartida para atraer y canalizar recursos. 

Tres implicaciones prácticas para las organizaciones 

  1. Pasar de la competencia a la colaboración estratégica 
    Las alianzas no solo suman capacidades; abren acceso a oportunidades que de forma individual serían inalcanzables.  
  1. Invertir en relaciones, no solo en propuestas 
    El acceso a recursos depende tanto de la calidad de los proyectos como de las redes que se construyen.  
  1. Participar activamente en ecosistemas 
    La visibilidad, la información y las oportunidades aumentan significativamente cuando las organizaciones están conectadas.  

Vistas en conjunto, estas implicaciones muestran que la movilización de recursos no puede seguir pensándose como una serie de respuestas tácticas a convocatorias aisladas. Exige, más bien, una lectura estratégica del entorno y una disposición real a construir valor con otros.

Mientras sigamos entendiendo la movilización de recursos como una tarea estrictamente individual, seguiremos reproduciendo dinámicas de competencia en escenarios de alta presión y recursos percibidos como escasos. El problema no es la incertidumbre en sí misma, es la falta de articulación para enfrentarla. La incertidumbre es una constante, pero la forma en que los actores se organizan frente a ella define si el resultado es escasez u oportunidad. Cuando entendamos la movilización de recursos como una capacidad del ecosistema, empezaremos a generar condiciones reales para que los recursos fluyan, las alianzas se consoliden y el impacto se sostenga en el tiempo.


Indicadores

Impacto Social
Autor
RicardoBustos
Áreas de interés

Inicio*Aprendizaje*Actualidad*La movilización de recursos como un fenómeno sistémico 

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