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Cuando una fundación crea su propia empresa social: una nueva ruta para financiar el impacto

| Jenifer Colpas |

Durante mucho tiempo, el camino más común ha sido ver a empresas creando fundaciones para canalizar sus acciones de responsabilidad social. Pero también existe otra ruta, menos contada y cada vez más necesaria en América Latina: la de organizaciones sociales que, después de validar soluciones en territorio, deciden crear sus propias empresas sociales para sostener y escalar su impacto.

Ese ha sido nuestro camino en Tierra Grata.

Tierra Grata nació en 2015 como una fundación, con una convicción que nos sigue moviendo hasta hoy: llevar soluciones esenciales a comunidades rurales que históricamente han quedado por fuera del acceso a servicios básicos como energía, agua segura y saneamiento. Empezamos caminando territorios, escuchando a las comunidades, probando tecnologías sociales y aprendiendo desde la práctica que una buena solución necesita mucho más que una instalación para generar impacto en el tiempo.

Con los años entendimos que el verdadero reto no era solo llegar, sino permanecer. No bastaba con implementar proyectos; había que garantizar acompañamiento, mantenimiento, apropiación comunitaria, medición de impacto y continuidad. Y para eso, la sostenibilidad financiera dejó de ser un asunto administrativo para convertirse en una pregunta estratégica.

La cooperación internacional, las donaciones y las alianzas filantrópicas han sido fundamentales para Tierra Grata y para muchas organizaciones de impacto en la región. Gracias a estos mecanismos, miles de familias han podido acceder a soluciones que transforman su vida cotidiana. Sin embargo, también hemos vivido una realidad que muchas organizaciones conocen bien: los recursos suelen ser limitados, altamente competitivos y muchas veces atados a ciclos cortos de ejecución.

En 2021 decidimos dar un paso que veníamos imaginando desde nuestra experiencia en campo: crear Tierra Grata Social Enterprise BIC S.A.S., una empresa social nacida desde la fundación para abrir nuevas posibilidades de financiación, operación y escala. La empresa nació con la intención clara de convertir aprendizajes territoriales en modelos sostenibles. Después de años acompañando comunidades rurales, sabíamos que algunas soluciones podían evolucionar hacia unidades de negocio con  capacidad  de  generar  ingresos,  atraer  aliados  comerciales,  acceder  a préstamos, conversar con inversionistas de impacto y, al mismo tiempo, seguir conectadas con la misión social que les dio origen.

Hoy, Tierra Grata Social Enterprise cuenta con dos unidades de negocio: Casa Grata y Energía Grata.

  • Casa Grata responde a la necesidad muy concreta de llevar energía solar descentralizada a hogares rurales de última milla a través de microfinanciamiento. Su modelo se ha construido alrededor de soluciones solares accesibles y empleo verde a través de una red local de Guardianes de la Luz, personas de las comunidades que hacen parte de nuestro equipo, encargadas de instalar, mantener y hacer seguimiento a los sistemas.
  • Energía Grata, por su parte, es una línea comercial de soluciones solares para hogares y negocios. Está pensada para personas y empresas que quieren acceder a energía solar desde una propuesta sencilla, humana y cercana. Sus utilidades se destinan a fortalecer la misión de la Fundación Tierra Grata, lo que nos permite conectar un mercado con capacidad de pago con el financiamiento de soluciones esenciales para comunidades que aún no pueden acceder a ellas por sus propios medios.

Este modelo nos ha permitido ampliar la conversación sobre movilización de recursos. Una fundación suele relacionarse con donaciones, subvenciones, cooperación internacional y alianzas filantrópicas. Una empresa social puede abrir otras puertas: inversión de impacto, préstamos, capital de trabajo, financiación para expansión, alianzas comerciales, modelos de pago por uso y mecanismos de retorno. En contextos donde las necesidades son urgentes y los recursos tradicionales no alcanzan, contar con distintos vehículos financieros puede marcar una diferencia enorme.

En Tierra Grata soñamos con que cada programa social que nace desde la fundación pueda encontrar, con el tiempo, una unidad de negocio propia desde la empresa social. Una estructura capaz de financiarlo, escalar y reducir su dependencia de convocatorias anuales o donaciones puntuales.

Ese sueño parte de una pregunta que nos hacemos constantemente: ¿cómo logramos que una solución que ya fue validada en territorio no se quede pequeña por falta de recursos? Si una comunidad la necesita, si existe evidencia de impacto, si el equipo sabe implementarla y si hay aprendizajes acumulados, entonces también tenemos que pensar en modelos financieros que le permitan crecer.

Por supuesto, crear una empresa social desde una fundación también implica desafíos importantes. Requiere claridad en la gobernanza, separación de roles, disciplina financiera y coherencia con la misión. Hay que definir cómo se reinvierten los ingresos, qué decisiones corresponden al ámbito comercial, cuáles siguen siendo responsabilidad de la fundación y cómo se mide el impacto generado desde ambos vehículos.

También exige conversaciones internas honestas. Cuando una organización social empieza a generar ingresos comerciales, debe cuidar que la rentabilidad no termine orientando todas las decisiones. En nuestro caso, la pregunta que intentamos mantener presente no es solo cuánto puede crecer una unidad de negocio, sino a qué propósito está sirviendo ese crecimiento.

La fundación sigue siendo el corazón de Tierra Grata: allí está nuestra relación más profunda con las comunidades, la lectura territorial, la cocreación, el enfoque de derechos, la medición de impacto y la apuesta por llegar a quienes más lo necesitan. La empresa social agrega capacidades que antes no teníamos con la misma fuerza: acceso a otros tipos de capital, ingresos propios, posibilidad de escalar soluciones comerciales y una ruta para reinvertir valor en la misión.

Después de casi una década de trabajo, he aprendido que la sostenibilidad financiera también es una forma de cuidar el impacto. Una organización que depende de una sola fuente de recursos vive en permanente incertidumbre. Y cuando el trabajo ocurre en territorios rurales, con comunidades históricamente excluidas y necesidades estructurales, la incertidumbre financiera no solo afecta a la organización: también afecta la continuidad de los procesos comunitarios.

En nuestro caso, haber creado una empresa social ha sido una apuesta por darle más futuro a la misión. Una manera de reconocer que el impacto también necesita estructura, ingresos, innovación y visión de largo plazo.

Tierra Grata nació en 2015 como una fundación que quería llevar lo esencial a comunidades rurales. En 2021 dimos un paso más al crear una empresa social que nos permitiera imaginar nuevas formas de financiar ese propósito. Hoy seguimos aprendiendo, ajustando y construyendo un modelo que busca demostrar que una organización social puede cuidar su esencia mientras desarrolla herramientas empresariales para llegar más lejos.

Porque si queremos que lo esencial llegue a más personas, durante más tiempo y con mayor sostenibilidad, también tenemos que atrevernos a diseñar nuevas formas de financiarlo.

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Impacto Social
Autor
jenifercolpas
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