Direccionamiento Estratégico: claves para acceder a recursos en un ecosistema en transformación
Autor (a): Anuar Hernández
Este artículo fue escrito con base en una entrevista realizada por Lina Tangarife a Carmen Garza, directora de la Fundación Frisa y a Catalina Escobar Bravo, directora de Estrategia de Makaia, en el Podcast “Comunidades que transforman” de TerritoriA.
La entrevista completa se puede escuchar a través de Spotify en el enlace: https://open.spotify.com/episode/7jHpnlEi6TbVpRW3gfFlXC?si=a7bba7d530494faf o a través de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=PQIGoJsJ1Hw
Introducción
Frente a la reducción de financiamiento internacional y la evolución del ecosistema de cooperación, las organizaciones sociales necesitan reenfocar su manera de obtener recursos. Para esto, se propone un cambio de mentalidad y de estructura que permita mayor autonomía, claridad estratégica y relaciones más equilibradas con financiadores. Acceder a recursos ya no depende solo de buscar oportunidades: implica diseñar una arquitectura financiera inteligente y alineada con el propósito institucional.
Rediseñar la estructura de ingresos con intención estratégica
El primer paso es dejar de operar a merced del ecosistema. Cada organización debe definir cómo quiere componer sus ingresos: qué proporción provendrá de recursos públicos, privados, cooperación internacional, empresas locales o financiamiento comunitario. Esta planificación deliberada permite anticipar riesgos y construir sostenibilidad real. Un elemento clave dentro de esta estructura es incluir fuentes propias de ingreso. Depender exclusivamente de recursos externos genera vulnerabilidad. Autogenerar ingresos —mediante servicios, productos o modelos híbridos— fortalece la autonomía estratégica y reduce la exposición a fluctuaciones globales. Diseñar la mezcla correcta no es un ejercicio teórico: es una decisión de liderazgo.
“Recuperar el asiento del conductor”: claridad de norte institucional
Acceder a recursos no empieza con la búsqueda de financiadores, sino con tener claro el propio rumbo. Es importante enfatizar que, las organizaciones deben definir con precisión su propósito, metas, identidad y visión de impacto. Solo entonces tiene sentido evaluar qué financiadores se alinean con ese camino. Es decir que, la lógica se invierte: no es la organización quien debe acomodarse al financiador, sino al contrario. Esta postura requiere valentía para decir “no” a oportunidades que desvían el propósito, incluso si algunas de estas parecen atractivas en el corto plazo. Mantener este norte permite construir relaciones sanas, coherentes y sostenibles.
Construir relaciones de largo plazo, no transacciones temporales
Una de las grandes lecciones recientes es que las relaciones transaccionales se rompen tan rápido como se construyen. Es importante destacar la importancia de crear vínculos duraderos con financiadores basados en confianza, alineación estratégica y colaboración honesta. Una organización que trabaja desde la coherencia y la claridad del impacto genera aliados, no solo financiadores. Este tipo de relaciones se convierte en un amortiguador ante las crisis y en un motor de expansión en tiempos de oportunidad. Es así que, acceso a recursos deja de ser una competencia por convocatorias y se convierte en una estrategia de co-creación.
Por todo lo anterior, fortalecer el acceso a recursos implica rediseñar la arquitectura financiera, aclarar el propósito institucional y construir relaciones profundas que trasciendan las transacciones. Las organizaciones que asuman el control de su estrategia y generen ingresos propios serán más resilientes en un entorno cambiante. El futuro del financiamiento pertenece a quienes planean, se alinean, dicen “no” cuando deben y crean vínculos sostenibles. La autonomía no es un eslogan: es una práctica diaria.