La nueva era de la solidaridad y el financiamiento para el desarrollo
Autor: Anuar Hernández
Este artículo fue escrito con base en una entrevista realizada por Lina Tangarife a Carmen Garza, directora de la Fundación Frisa y a Catalina Escobar Bravo, directora de Estrategia de Makaia, en el Podcast “Comunidades que transforman” de TerritoriA.
La entrevista completa se puede escuchar a través de Spotify en el enlace: https://open.spotify.com/episode/7jHpnlEi6TbVpRW3gfFlXC?si=a7bba7d530494faf o a través de YouTube: https://www.youtube.com/watch?v=PQIGoJsJ1Hw
Introducción
Aunque parezca que la solidaridad atraviesa una crisis, lo que realmente vivimos es una metamorfosis profunda del ecosistema social y del financiamiento para el desarrollo. La forma de dar, financiar e impulsar el impacto está evolucionando hacia modelos más horizontales, descentralizados y orientados a resultados. Comprender este cambio permite a las organizaciones anticiparse, adaptarse y aprovechar oportunidades que emergen en medio de la incertidumbre. A continuación, comparto tres ideas al respecto:
1. La solidaridad no está en crisis, está cambiando
Me gustaría empezar por mencionar que la solidaridad como principio humano permanece intacta y, de hecho, se expande gracias a nuevas formas de conexión y participación. Hoy cualquier persona puede apoyar causas en cualquier lugar del mundo, lo que democratiza la acción solidaria y la hace más informada y horizontal. Las generaciones jóvenes incorporan la solidaridad en su propósito de vida, lo que indica una tendencia de crecimiento, no de debilitamiento. En cambio, lo que sí está cambiando es la manera de expresarla: menos vertical, más diversa, más distribuida. El comportamiento humano solidario sigue firme; lo que evoluciona es el ecosistema que lo canaliza.
2. El financiamiento para el desarrollo vive una nueva temporada
A mi modo de ver, más que una crisis, el financiamiento para el desarrollo atraviesa una transformación lógica dentro de su historia. Desde la posguerra, los mecanismos de cooperación han estado en evolución permanente; por tanto, la reconfiguración actual no debería sorprender. Lo que puede estar ocurriendo es que hay bisagras se mueven: aparecen actores distintos, se transforman prioridades, se reorganizan flujos y se demandan otros tipos de resultados. Esto implica retos financieros reales para organizaciones que han sentido el impacto inmediato de estos cambios. Sin embargo, también abre la puerta a modelos más flexibles, innovadores y coherentes con el futuro del impacto social.
3. El cambio como única constante
El sector social opera hoy en un entorno caracterizado por variabilidad, incertidumbre y transformaciones aceleradas. De allí la necesidad de leer mejor el contexto, anticipar movimientos y fortalecer la resiliencia institucional. Aunque muchas organizaciones han enfrentado meses difíciles, esta transición no implica colapso, sino una invitación a repensar estructuras, modelos y capacidades internas. La capacidad de adaptación determina la supervivencia y relevancia en un ecosistema donde los recursos se orientan cada vez más hacia modelos basados en resultados, innovación, impacto medible y alianzas colaborativas.
En síntesis, la solidaridad sigue viva, pero su forma cambia. El financiamiento al desarrollo se transforma, pero no desaparece. Esta etapa marca el inicio de una nueva era en la que las organizaciones que comprendan la dinámica del cambio podrán liderar, innovar y atraer más y mejores recursos. Más que temerle al entorno, el llamado es a leerlo, anticiparlo y actuar desde una posición estratégica. La transformación es inevitable; convertirla en oportunidad es una decisión.