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Transformación digital en la era de la IA: reflexiones desde la práctica institucional

| Laura Agosta |

La adopción de la inteligencia artificial marca un punto de inflexión para gobiernos, instituciones, familias y personas. A partir de más de una década de trabajo en transformación digital, acceso a la información y cambio institucional, este artículo reflexiona sobre cómo las lecciones aprendidas al acompañar a organizaciones en la comprensión de las computadoras, internet, las redes sociales y otros tantos cimbronazos en nuestros sistemas para adquirir, crear y procesar información siguen siendo fundamentales para una adopción responsable, sostenible y centrada en las personas en esta nueva era tecnológica.

La inteligencia artificial es, probablemente, la tecnología con mayor potencial para transformar nuestras formas de producir y nuestro orden social en la historia de la humanidad. Por eso, más allá del entusiasmo por sus capacidades técnicas, la verdadera pregunta no es si vamos a adoptar IA, sino cómo hacerlo de manera responsable, estratégica y alineada con nuestros objetivos de vida y con las misiones de las organizaciones de las que formamos parte.

Trabajé más de una década acompañando a organizaciones sociales y gubernamentales de distintas regiones del mundo en su adaptación a los desafíos tecnológicos. Quienes, en las últimas décadas, hemos buscado estrategias de capacitación efectivas para que adultos mayores o docentes aprendan a usar computadoras de escritorio, o colaboramos con sistemas educativos, familias y periodistas en pensamiento crítico, consumo de información y adopción de aplicaciones para el desarrollo, sabemos que la adopción verdadera y efectiva de tecnologías no ocurre en instancias aisladas de capacitación. Hace poco estuve en Panamá, liderando conferencias, talleres y conversaciones sobre adopción responsable de IA, y pude volver a pensar cómo esas lecciones siguen siendo útiles frente al tsunami de la IA.

La adopción de IA es un desafío de liderazgo, no solo tecnológico

Uno de los aprendizajes más consistentes de los procesos de transformación digital es que la tecnología, por sí sola, no transforma instituciones. La IA no es la excepción. Su adopción efectiva depende de liderazgos que, por un lado, tengan una mente abierta al cambio y una mirada de crecimiento personal e institucional y, por otro, cuenten con

las herramientas técnicas necesarias para tomar decisiones informadas, gestionar riesgos y asegurar que siempre exista supervisión humana.

Hoy, las instituciones buscan líderes que comprendan cuándo tiene sentido usar IA, cuándo no y en qué condiciones. Eso implica invertir no solo en herramientas, sino en modelos de formación de líderes y de “train-the-trainers” que permitan desarrollar capacidades internas sostenibles y reducir dependencias externas.

El rol estratégico del sector público en el ecosistema digital

La IA no opera en el vacío. Forma parte de un ecosistema digital más amplio, que incluye la recolección de (buenos) datos, la gobernanza de dichos datos, marcos regulatorios, adquisiciones públicas y capacidades institucionales. En ese contexto, el sector público tiene un rol clave en definir las reglas del juego.

Las instituciones públicas pueden liderar con el ejemplo al integrar criterios de seguridad, transparencia y rendición de cuentas desde el diseño, especialmente a través de decisiones de compra y contratación tecnológica. La adopción responsable de IA comienza mucho antes de implementar un modelo: empieza con datos confiables, políticas que se van haciendo claras y procesos de testeo y adopción sólidos.

Cuando la política se encuentra con la práctica: el valor del sandboxing

Ahora, no se pasa de no saber cómo usar la tecnología a tener procesos claros y políticas de uso comprensivas. Así como todos aprendimos a usar internet probando y explorando cómo podía resolver cuestiones de nuestra vida cotidiana —y no a través de una presentación teórica en PowerPoint—, en la adopción de la IA es clave que personas e instituciones experimenten, en contextos resguardados y con consecuencias de bajo impacto, cómo pueden usar esta tecnología en distintos ámbitos de su vida personal, laboral, educativa y comunitaria. Uno de los enfoques más utilizados para referirse a esto es la creación de sandboxes institucionales. Estos entornos controlados permiten probar herramientas de IA en condiciones de bajo riesgo, ajustar decisiones de gobernanza y generar aprendizaje organizacional antes de escalar soluciones.

El sandboxing traduce en práctica concreta principios y nociones abstractas sobre la aplicación de la IA. En el caso de las instituciones y los gobiernos, ayuda a reducir la brecha entre regulación y operación, y fortalece la confianza institucional en el uso de nuevas tecnologías. A partir de este proceso, las organizaciones pueden tomar decisiones acerca de las herramientas que usaran, pero también de como las testearan, quienes serán consultados, como se toman decisiones de uso cuando la tecnología evoluciona, cuando las personas tienen que validar y, muy importante: cuando NO usarla.

La seguridad y el ejercicio del pensamiento crítico no son opcionales

Las personas y las instituciones vamos a seguir usando nuevas herramientas como la IA sin poder darnos el lujo de esperar a que existan políticas de salvaguarda comprensivas o a que las empresas que las proveen se autorregulen en cada escenario. Es responsabilidad de todos —y de quienes acompañamos a personas y organizaciones en este proceso— tener en cuenta no solo cuestiones básicas de ciberseguridad y protección en línea, sino también empezar a comprender cómo fenómenos como los deepfakes, la manipulación de la información y el fraude pueden perfeccionarse con el uso de estas herramientas.

Para eso existen muchos antídotos posibles, desde enfoques integrales de ciberseguridad hasta una mejor comprensión individual sobre cómo resguardar la propia información. Pero todos esos antídotos deben empezar a desplegarse al mismo tiempo para construir ecosistemas de uso más seguros. Por ejemplo, en los sistemas educativos, directivos y docentes tienen que seguir explorando iniciativas para fortalecer la alfabetización digital responsable y el pensamiento crítico. Los medios de comunicación tienen que desarrollar políticas de transparencia en el uso de la IA. Y los emprendedores digitales tienen que adoptar un enfoque de “seguridad desde el diseño” (safety by design), integrando consideraciones éticas, sociales y operativas desde las primeras etapas del desarrollo tecnológico.

La IA como infraestructura crítica

Así como internet permeó todas las dimensiones de nuestra vida social y comunitaria y se volvió una infraestructura crucial para la conexión y el desarrollo —como la red eléctrica o los sistemas de agua potable—, es importante entender que la IA no es solo el chatbot que usamos. Es una infraestructura crítica de las naciones. Eso implica comprender toda su base tecnológica, desde los datos y la infraestructura hasta los modelos y las interfaces, y reconocer que las decisiones que se toman hoy tendrán efectos de largo plazo.

La conversación sobre IA es, en el fondo, una conversación sobre adopción digital, desarrollo de liderazgo y gobernanza institucional. Las tecnologías cambian, pero los principios de una transformación digital efectiva siguen siendo, sorprendentemente, consistentes.

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Autor
LauAgosta
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